Tras el 11-S el mundo reaccionó contra el terrorismo. El 1-M ¿producirá una reacción similar? Estupefactos asistimos al resultante del 1-M, cuando militares colombianos destruyeron un campamento terrorista en territorio ecuatoriano: los presidentes de ambos países, Hugo Chávez y Rafael Correa, “pillados infraganti con las manos en la masa”. Pregunto, ¿llegarán ambos al “banquillo de los acusados” para ser sancionados?
Tras el 11-S, cuando ocurrió el ataque del terrorismo al World Trade Center de Nueva York, vino la guerra en Irak y la persecución implacable contra sus autores, cómplices y encubridores. Tras el 1-M, ¿veremos igualmente el acoso a Chávez y Correa como presuntos cómplices y encubridores de la narcoguerrilla terrorista de Colombia?
Chávez y Correa, por igual, están complicados en el peor conflicto de seguridad en América Latina, en lo que va del siglo XXI. Según las pruebas, avaladas por la INTERPOL, han apoyado a terroristas que buscan derrocar al gobierno democrático y constitucional de Colombia. ¿Harán algo Colombia o la comunidad internacional?
El ministro del Interior y Justicia de Venezuela, un marino retirado identificado como Ramón Rodríguez Chacín y vinculado con la guerrilla colombiana desde la década de 1990, es señalado como el principal responsable de la conexión de Chávez con los ilegales. El Suboficial de la Marina Ramón Madrid, estaría a cargo de los enlaces.
Rodríguez Chacín intentó, igual que Chávez, derrocar al gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez. En la primera etapa del gobierno de Chávez ocupó la cartera del Interior y Justicia, pero cayó en desgracia. Asumió la misma responsabilidad en enero de 2008, al intensificarse la relación de Chávez con la guerrilla colombiana.
En Ecuador, la relación de Correa con la narcoguerrilla vendría de la mano del ministro de coordinación de la Seguridad Interna y Externa, Gustavo Larrea Cabrera, cuyos enlaces, que han sido identificados públicamente, serían dos exintegrantes del Ejército: René Vargas Pazzos y Jorge Brito, el primero de ellos, actual Embajador en Venezuela.
Larrea es hijo de Hugo Larrea Benalcázar, ministro de Gobierno a principios de la década de 1970, tras lo cual abandonó el país por un conflicto económico-político y fue a Venezuela, junto a su familia. Los jóvenes Larrea, Gustavo y Marcelo, se educaron en Caracas y establecieron fuertes vínculos con la hoy decrépita izquierda radical.
Tal el panorama de apoyos y soportes de Chávez y Correa con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que el mundo considera terroristas y que el sábado perdieron a Karina, la mujer más importante del grupo y, como tal, presunta responsable del asesinato de Alberto Uribe Sierra, padre del presidente Álvaro Uribe.
Chávez y Correa, en tanto, concitan la atención de periodistas y articulistas. Ricardo Sánchez-Serra, en La Razón de Lima, los acusó hoy de “seguir con sus imbecilidades”, al negar todas las pruebas que los acorralan, mientras denigran de la peor forma al presidente Uribe y a los integrantes de su gobierno.
Pero en tanto Correa -al decir de Sánchez-Serra- utiliza un “razonamiento pueril que no resiste mayor análisis”, Chávez, más avezado, quiere guerrear. Se está armando hasta los dientes y, en los últimos dos días, ha denunciado sin pruebas la intromisión ilegal, en territorio venezolano, de fuerzas militares de Colombia y Estados Unidos

El argentino Andrés Oppenheimer, en El Nuevo Herald de Miami, escribió hoy las siguientes tremendas verdades:
“El presidente de Venezuela Hugo Chávez y su colega de Ecuador, Rafael Correa, podrán gritar todo lo que quieran, pero lo cierto es que han sido atrapados in fraganti apoyando a un grupo terrorista que está tratando de derrocar al gobierno democráticamente electo de Colombia”.
La semana pasada, después de que Interpol -la organización policial internacional más grande del mundo- hizo público su informe certificando la autenticidad de 37,872 archivos de computadora de la guerrilla colombiana FARC que contienen cientos de referencias al activo apoyo de Venezuela y Ecuador al grupo armado rebelde, Chávez y Correa reaccionaron -como lo hacen siempre- con insultos.
Al igual que hace unos meses, cuando una delegación oficial venezolana fue encontrada tratando de ingresar $800,000 en efectivo en Argentina para sus aliados políticos de ese país, Chávez alega ahora que la investigación de la Interpol sobre las computadoras encontradas por el ejército colombiano en su ataque del 1 de marzo a un campamento de las FARC en Ecuador es ”una payasada” del ”imperio”, y describió al Secretario General de Interpol Ronald K. Noble como ”un mafioso” y ”un vagabundo”. El descargo de Correa fue de virulencia similar.
Esta vez, sin embargo, les resultará difícil hasta a los más crédulos simpatizantes de Chávez y Correa tomar en serio estos juegos de pirotecnia verbal.
La investigación realizada por la sede central de Interpol en Lyon, Francia, incluyó a 64 funcionarios policiales de 15 países, encabezados por expertos mundiales en computación de Singapur y Australia, que fueron escogidos independientemente por las jefaturas de policía de sus países. En total, el equipo en pleno de Interpol dedicó 5,000 horas examinando las computadoras.
Y el informe final de Interpol no sólo concluyó que Colombia no manipuló el contenido de las computadoras, como aducen Chávez y Correa, sino que también certificaron que pertenecían a Raúl Reyes, el segundo líder de la FARC, que resultó muerto durante al ataque del ejercito colombiano.
Las laptop de las FARC son uno de los tesoros de inteligencia más importantes de toda la historia de la lucha antiguerrillera en la región, dicen expertos en seguridad. Los documentos ya han permitido el secuestro de $480,000 de fondos de la FARC en Costa Rica, y de 30 kilos de uranio no enriquecido de las FARC en las afueras de Bogotá.
Entre cientos de revelaciones, los archivos contienen 8 referencias a $300 millones de ayuda que Chávez le había prometido a las FARC. Otros documentos aluden a una contribución de $100,000 de las FARC a la campaña presidencial de Correa en el 2006.
La certificación de la autenticidad de los documentos plantea varias preguntas espinosas.
Primera pregunta: los países latinoamericanos que correctamente invocaron los tratados de no intervención de la Organización de Estados Americanos para rechazar la incursión militar colombiana en Ecuador, ¿invocarán ahora los igualmente explícitos tratados antiterrorismo de la OEA, que prohíben a los países ayudar a grupos armados rebeldes? ¿Condenarán a Venezuela y Ecuador, o se harán los distraídos, temerosos de perder los miles de millones de dólares que reciben en petróleo y ayuda política por parte de Venezuela?
Segunda pregunta: ¿Chávez y Correa les pedirán disculpas a los países de la región, tal como lo hizo el presidente colombiano Álvaro Uribe el 18 de marzo en la reunión de la OEA en que se debatió el ataque colombiano al campamento de las FARC en Ecuador?
Tercera pregunta: ¿la OEA convocará a una asamblea general, invocando la Convención Interamericana contra el Terrorismo del 2002, que prohíbe a los países miembros dar refugio o dinero a grupos terroristas? ¿Y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas invocará sus resoluciones 1373 y 1566, que establecen exactamente lo mismo, para condenar a Chávez y Correa?
Cuarta pregunta: ¿el presidente brasilero Luiz Inácio Lula da Silva se retractará de su declaración de la semana pasada en la que afirmaba que Chávez es “el mejor presidente que ha tenido Venezuela en los últimos 100 años? ¿O cree que apoyar a un grupo terrorista que mantiene secuestrados a más de 700 rehenes y que mató a 36 civiles que asistían a una boda en el Club El Nogal de Bogotá es ser un buen presidente?
Mi opinión: para que quede claro, no estoy de acuerdo con la propuesta de algunos legisladores republicanos de Estados Unidos de que Washington ponga a Venezuela en su lista de países terroristas e imponga sanciones a ese país. Eso sólo le daría a Chávez argumentos para mostrarse como una víctima del “imperio”.
Pero la comunidad internacional -incluyendo quienes criticamos al presidente Bush por ignorar a la ONU cuando decidió invadir Irak- debe reaccionar rápidamente. De otra manera, no tiene ningún sentido que sigan existiendo la OEA, la ONU ni ninguna de las convenciones internacionales que los países han firmando con gran solemnidad.