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Quito - ECUADOR

1949 marcó el lanzamiento de la Organización del Tratado del Pacífico Norte (OTAN), como alianza militar que vincula a Estados Unidos, Canadá y los países europeos. Seis años después la Unión Soviética y las naciones bajo su férula crearon el hoy extinto Pacto de Varsovia. Ahora, en Sudamérica, hay quienes sueñan también con formar un eje militar.
En nuestra región existe, o más bien existió, la poco menos que inservible alianza del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), bajo la égida de los Estados Unidos. Ahora Brasil, con el apoyo entusiasta de Venezuela, quiere crear un Consejo de Seguridad Sudamericano (C-SS), con la lógica exclusión de los Estados Unidos.
La iniciativa cobró fuerza tras el ataque militar colombiano contra un campamento narcoterrorista en Ecuador y se intensificó al oficializarse que Estados Unidos, desde el 1 de julio, reactivará su IV Flota Naval basada en el Estado de la Florida, para accionar en el Caribe y el Atlántico sudamericano, al mando del almirante Joseph D. Kernan.
Pero el gobierno de Colombia, con un Ejército eficiente y bien organizado por la práctica en que está inmerso, le hace ascos a la tal C-SS brasileña. Los gobiernos de Bolivia y Ecuador, que se allanan inmediatamente a cualquier iniciativa de Caracas, aceptarán sin duda la propuesta. Sobre el resto de países existen interrogantes.
Argentina, que afronta un difícil momento, no suele alinearse con Brasil, en tanto que a Uruguay, Chile y Perú más les preocupa mejorar la situación de sus economías y Paraguay, que eligió un gobierno de izquierda, arrastra una litis con Brasil por la venta de energía. Respecto a Guyana y Surinam es difícil predecir su comportamiento.
La C-SS se enmarcaría en la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), para cuya constitución se convocó a una reunión este viernes en Brasil, pero que prácticamente ha nacido muerta. El secretario general, Rodrigo Borja, de Ecuador, prefirió dimitir argumentando su inutilidad y Colombia se excusó de ocupar la presidencia.
La total desconexión que mantiene actualmente Colombia con Venezuela y Ecuador, es de hecho un serio obstáculo para una alianza militar en la región, aunque podría estar en los planes de Quito y Caracas el concretarla, como mecanismo que silencie a Bogotá en la divulgación de los secretos de la guerrilla narcoterrorista que les afecta.
El cierre en 2009 de la base militar gringa en el puerto ecuatoriano de Manta y la eventual clausura por el nuevo gobierno de Paraguay de una instalación similar en Concepción, deja a Washington tan solo con el enclave militar que controla en Curazao y aquel que, eventualmente, funcionaria en la Guajira colombiana.
Para que en Colombia se llegue a instalar una base militar estadounidense, es imperativo un nuevo Congreso y no el actual marcado por la ignominia y que el presidente Álvaro Uribe acceda a un tercer mandato, superando problemas como los de la parapolítica y aquellos derivados del proceso por el que optó a su segundo mandato.
Ocurra lo que ocurra Washington se adelanta y reactiva su IV Flota Naval, con un portaviones nuclear y su correspondiente dotación de naves de apoyo. Así el Comando Sur de los Estados Unidos con sede en Miami, tendrá la suficiente capacidad operativa para afrontar cualquier eventualidad en América Central, el Caribe y América del Sur.
Lo que no se dice es que Brasil -que se cree potencia- aspira conseguir un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y que nadie ose cuestionar -como debe ser- su propiedad sobre la enorme y deforestada selva amazónica que forma parte de su territorio y que es, a no dudarlo, el pulmón del mundo.
En tanto Chávez -que también se cree potencia- se arma hasta los dientes con juguetes caros de Bielorusia, Rusia y China, aunque suba la depauperación de los venezolanos más pobres y caiga su popularidad, fenómeno que, curiosamente, ocurre igual en Argentina, Bolivia, Ecuador y Nicaragua y, en sentido contrario, se da en Colombia.

Ramón Salaverría, Director del Laboratorio de Comunicación Multimedia (MMLab) de la Universidad de Navarra, de Pamplona, España, publicó el 21 de mayo, en el diario El Mundo de Madrid, el siguiente artículo:
Entre los profesores de Universidad circula una anécdota, que nadie sabe si es del todo cierta, pero da que pensar. Por lo visto, un profesor se disponía a pronunciar una conferencia y el encargado de la técnica en la sala le preguntó: "¿Trae usted un PowerPoint o tiene algo que decir?". No se sabe si la pregunta iba con segundas pero, a poco que uno frecuente congresos académicos o haya asistido a ciertas clases universitarias, reconocerá que aquel humilde técnico formuló la pregunta correcta.
Hoy día, en las aulas de la Universidad se hace en general poco uso de la tecnología como herramienta didáctica. Pero lo peor quizá es que cuando se emplea, a menudo se usa mal. Los profesores universitarios siguen apegados a viejos modelos pedagógicos, donde la forma convencional de enseñar, incluso cuando recurren al apoyo de presentaciones informáticas, es la clase magistral -y entiéndase el adjetivo en su acepción más prosaica: un señor que explica mientras sus alumnos se limitan a oír y, con un poco de suerte, a escuchar-. No cabe duda de que cuando un profesor es además maestro, esa forma de dar clase basta y sobra. Sin embargo, como no hay tantos maestros como se quisiera, a los profesores cada vez nos resulta más imprescindible aprovechar los recursos técnicos que facilitan una enseñanza más activa, eficaz e interesante. Y los hay.
En los últimos años nos hemos beneficiado de una avalancha de tecnologías que nos permiten revitalizar los métodos de enseñanza. Hoy las universidades pueden dotar a sus aulas de dispositivos audiovisuales, pizarras interactivas y sistemas digitales de todo tipo. Las clases, además, pueden extenderse más allá del horario lectivo gracias a los sistemas de intranet, los 'blogs' educativos o las bibliotecas virtuales. Existe, en suma, un sinfín de tecnologías que permiten enseñar mejor, siempre que se parta de la premisa de que el profesor ha de tener «algo que decir». La tecnología no debe emplearse como una máscara de la incompetencia, sino como un refuerzo de la excelencia.
Ahora que el sistema universitario español ultima sus reformas con vistas a su adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior, es imprescindible que los profesores reflexionen sobre qué herramientas tecnológicas deben utilizar para la mejora de su docencia. Esta reflexión debe ir acompañada de inversión económica y apoyo de las instituciones, sin duda. Pero quizá más importante que ese apoyo sea un ingrediente personal previo: la voluntad.Comentario del Editor: continuar enseñando, en cualquier nivel, con la vieja pizarra de tiza y pronunciando conferencias magistrales y otros viejos artilugios, es hacer un flaco servicio a los estudiantes que fuera de las aulas viven en un mundo en el que la tecnologia prima. Los maestros, insisto, de todo nivel de la educación, deben comenzar a usar las nuevas herramientas tecnológicas o lo que enseñen será absolutamente inútil.